Dr. Luis Ángel DíazDevocionales para pastores y líderes

La misión de Dios

Génesis 12:1–3; Juan 20:21

La misión de Dios

La misión nace en Dios

La misión cristiana no comienza con una organización, un programa ni con el deseo humano de expandir una iglesia; comienza en Dios. Desde Génesis observamos a Dios actuando para restaurar a una humanidad afectada por el pecado.

El llamado de Abraham revela que la elección divina tiene un propósito misionero: Dios bendice a una persona y forma un pueblo para que, mediante ellos, su bendición alcance a «todas las familias de la tierra» (Gn 12:3).

«El Señor le dijo a Abram: “Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, y vete a la tierra que te mostraré. Haré de ti una nación grande, y te bendeciré; haré famoso tu nombre, y serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan; ¡por medio de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra!”».

— Génesis 12:1–3, NVI

Esta realidad encuentra su expresión culminante en Jesucristo. El Padre envía al Hijo para reconciliar al mundo consigo y, posteriormente, Cristo incorpora a sus discípulos a esa misión.

«¡La paz sea con ustedes! —repitió Jesús—. Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes».

— Juan 20:21, NVI

Por consiguiente, la iglesia no posee una misión independiente; participa en la misión que pertenece a Dios. Christopher J. H. Wright resume esta perspectiva afirmando:

«No es tanto que Dios tenga una misión para su iglesia en el mundo, sino que Dios tiene una iglesia para su misión en el mundo».

Asimismo, David J. Bosch declara:

«La misión no es primordialmente una actividad de la iglesia, sino un atributo de Dios».

Esta comprensión transforma al Equipo Directivo de Misiones: su responsabilidad fundamental es discernir dónde Dios está obrando y movilizar a toda la iglesia para participar obedientemente en su propósito redentor.

Recomendaciones

  1. Fundamentar toda iniciativa misionera en las Escrituras. Antes de diseñar actividades, proyectos o viajes, el equipo debe estudiar la Palabra, buscando comprender el propósito de Dios y orientar bíblicamente cada decisión misionera.

  2. Evaluar los programas desde la misión de Dios. Revisar periódicamente cada actividad, preguntando si contribuye realmente a evangelizar, discipular, servir, enviar obreros y extender el testimonio de Cristo entre otros pueblos.

  3. Formar una cultura misionera congregacional. Enseñar constantemente que las misiones no pertenecen solamente a un comité: cada creyente participa mediante la oración, el testimonio, la generosidad, el servicio, el envío y la disposición para ir.

Oración

Señor, ayúdanos a comprender que la misión nace en tu corazón y te pertenece. Danos discernimiento para reconocer tu obra, obediencia para responder a tu llamado y sabiduría para movilizar a toda la iglesia hacia las naciones. En Cristo, amén.

Referencias bibliográficas

  • Christopher J. H. Wright, La misión de Dios: descubriendo el gran mensaje de la Biblia.
  • David J. Bosch, Misión en transformación: cambios de paradigma en la teología de la misión.