Dr. Luis Ángel DíazDevocionales para pastores y líderes
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Unción para su propia generación.

Luis Ángel Díaz Andino

Desarrollar una visiónCapítulo 1 · Fragmento
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Portada de Desarrollar una visión

Todavía recuerdo lo que sucedió en aquella madrugada. La noche ya estaba en su punto más profundo, con su silencio absoluto, su envolvente tranquilidad y el suave murmullo de los grillos, junto con el lejano sonido de los pocos vehículos que circulaban a esas horas. No estoy seguro de si mi sueño era profundo o si divagaba continuamente entre la vigilia y el descanso. Sin embargo, lo que recuerdo con perfecta claridad es la repentina sensación de inquietud: intensa y abrumadora. Sabía que algo iba a suceder ese día, y así fue.

Era una madrugada en los años de la infancia de mis hijos, Luis Arístides e Ingrid. Mi primogénito apenas tenía cinco años y mi princesa tendría unos dos añitos. En medio de la noche, sin previo aviso, una inquietud invadió mi corazón. Pero no era una desesperación intensa. No, más bien, era la sensación de que algo sucedería esa noche y ese algo estaba perfectamente guiado por la mano de Dios.

Tras pensarlo un poco en la penumbra de mi habitación, al lado de Anita, mi esposa, decidí levantarme y dirigirme directamente a la habitación de mis hijos. Era algo extraño, pero no sentía peligro alguno. Sabía que era Dios quien guiaba mis pasos, que su presencia caminaba a mi lado, y que todo estaba en manos de su amorosa voluntad. Dios haría algo grande esa madrugada, y así fue.

Entré en la habitación de mis hijos y comencé a orar por Luis Arístides, que dormía tranquilamente. Mi oración fue espontánea. No tenía idea de lo que iba a decir; solo sentía la imperiosa necesidad de poner mis manos sobre él, ministrar su vida y dejar que Dios obrara como Él había planeado.

«Sea consagrado para ti y sea depositada en su vida una unción para su propia generación». Esa fue mi oración. No sé cuántas veces o de cuántas formas salieron esas palabras de lo profundo de mi corazón. Solo sabía que mi petición era esa: «Una unción para su propia generación». Al instante, el pequeño cuerpo de Luis Arístides comenzó a temblar, pero no por nada físico o alguna enfermedad. Era la presencia de Dios manifestándose en su vida mientras él aún dormía.

No sentí temor. Seguí orando, seguí pidiendo y seguí derramando mi corazón en una sola petición: «Una unción para su propia generación». Tras varios minutos orando por la vida de Luis Arístides, su cuerpo comenzó a relajarse. Entonces me acerqué a la cama de mi pequeña Ingrid e hice la misma petición. Automáticamente, la reacción fue idéntica. Su pequeño cuerpo temblaba, pero yo sabía que era la presencia de Dios moviéndose en ella, tocando su vida.

Esa madrugada pude sentir cómo Dios abrazaba a mi familia. Era Dios tomando el control de mis hijos y, a su vez, era mi corazón tomando el compromiso de dejarles un legado de fe, una herencia basada en la conexión con Dios, en la entrega a Él y en el desarrollo al máximo de sus capacidades para trascender e influir en su generación.

Fin del fragmento.
El capítulo continúa en el libro.

Elogios incluidos
en el libro.

Fragmentos de las palabras
que acompañan esta obra.

Es de sabios aprender de las experiencias de otros, y el pastor Luis Díaz las pone a nuestra disposición.

Lic. Carmen de Castropresidenta de Alianza Evangélica Mujer de El Salvador.

Estas reflexiones están cargadas de valiosas lecciones sobre la fe, la perseverancia y el amor a Dios.

Pastor y Lic. Israel Maravilla Arévalopresidente de la Iglesia Evangélica de El Salvador Misión Centroamericana (MCA) y vicepresidente de la Alianza Evangélica de El Salvador.

Este libro no solo le edificará con valores y experiencias maravillosas de vida, sino le ayudará a entender cómo mantener ese equilibrio entre familia y llamado, desarrollando una visión que verdaderamente glorifique al Señor.

Ing. Ricardo Quinterossalmista y pastor.

El libro de nuestro pastor, Luis Ángel Díaz, es un testimonio inspirador que refleja cómo Dios tiene un propósito único y detallado para cada vida.

Dagoberto Miranda Laínezpastor coordinador de distrito, Iglesia Elim Central

Este libro es un reflejo y una poderosa manifestación de la visión que un padre puede trazar para sus hijos, no solo en el área ministerial, sino también preparándolos para que extiendan sus alas y vuelen tan alto como sus sueños e ideales les permitan.

Erick AbarcaThrazo