Amar a Dios sobre todas las cosas

Amar con todo el corazón
“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón.”
— Deuteronomio 6:5, RVR1960
El amor a Dios es el fundamento de toda la vida espiritual. Como enseña A. W. Tozer en La búsqueda de Dios, no basta con creer en Dios: hay que amarlo profundamente.
Este amor no es solamente emocional, sino una entrega total del corazón. Amar a Dios significa darle prioridad por encima de todo. Muchas veces, el servidor puede llegar a amar más las bendiciones que al Dador; sin embargo, el amor verdadero implica compromiso, fidelidad y obediencia.
Cuando el amor a Dios crece, el amor al mundo disminuye. El corazón humano siempre ama algo; la cuestión decisiva es qué ocupa el primer lugar. Dios no busca un afecto superficial, sino una devoción completa.
Un servicio nacido del amor
El amor a Dios transforma las motivaciones del servidor. El servicio deja de ser una obligación y se convierte en pasión. La obediencia surge espontáneamente de un corazón que ama y desea agradar a Dios.
Este amor se cultiva en la intimidad con Él y redefine nuestras prioridades. Un corazón enamorado de Dios vive para agradarle.
“Dios desea ser amado más que servido.”
— A. W. Tozer
“Donde está tu tesoro, allí estará tu corazón.”
— Biblia
Preguntas para reflexionar
- ¿Amo realmente a Dios sobre todas las cosas?
- ¿Qué ocupa el primer lugar en mi corazón?
- ¿Mi servicio a Dios nace del amor o de la obligación?
Recomendaciones
- Evaluar las prioridades del corazón.
- Cultivar la intimidad con Dios.
- Servir motivado por amor.
Oración
Señor, enséñame a amarte de verdad. Quita todo amor que compita contigo y haz que mi corazón te pertenezca completamente. Que mi vida refleje amor por ti. Amén.
Conclusión
El amor a Dios es central. Él debe ocupar el primer lugar, porque el amor verdadero produce obediencia y convierte el servicio en una expresión sincera de devoción.
¿Le sirvió esta reflexión? Envíesela a alguien.


