El amor que permanece

Texto bíblico
“Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida… ni lo presente ni lo por venir… ni ninguna otra cosa creada podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús.”
Romanos 8:38–39 (NVI)
Meditación
Nada puede separar al creyente del amor de Dios. Y ese “nada” también incluye las luchas internas y los procesos complejos.
Pablo escribe desde la persecución y la debilidad, no desde la perfección. El amor de Dios no fluctúa con nuestros altibajos emocionales. Cuando una persona cree que ha decepcionado a Dios, necesita recordar esta verdad: el amor precede a la transformación.
Dios no ama únicamente una versión futura y mejorada de nosotros; nos ama ahora. Ese amor firme es el fundamento del cambio auténtico. La seguridad espiritual reduce la ansiedad, y la certeza de su amor elimina el miedo paralizante.
El acompañamiento pastoral debe repetir esta verdad hasta que el corazón la asimile. El amor de Dios no aprueba todo comportamiento, pero tampoco abandona al hijo. Permanecer en su amor produce estabilidad. Desde esa seguridad, el alma puede ordenar su vida con serenidad.
Preguntas para reflexionar
- ¿Creo que nada puede separarme del amor de Dios?
- ¿Estoy viviendo desde el temor o desde la seguridad?
- ¿Cómo cambia mi proceso cuando recuerdo que soy amado?
Oración
Gracias, Padre, por tu amor inquebrantable. Afirma mi corazón en esa verdad. Que tu amor sea mi ancla segura. Amén.
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