Dr. Luis Ángel DíazDevocionales para pastores y líderes

El amor que vuelve a crecer

Apocalipsis 2:4–5

El amor que vuelve a crecer

Base bíblica

“Pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, arrepiéntete y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti y quitaré tu candelabro de su lugar, si no te hubieras arrepentido.”

Apocalipsis 2:4–5 (RVR1995)

El amor también necesita cuidado

Jesucristo exhorta a la iglesia de Éfeso a recordar el fervor de sus primeros días, reconocer su alejamiento, arrepentirse y volver a practicar las obras que evidenciaban su amor inicial. Este pasaje enseña que el amor puede debilitarse cuando se descuida, pero también puede renovarse mediante el arrepentimiento, la obediencia y el regreso a Dios.

El amor matrimonial no suele desaparecer de un momento a otro. Generalmente, se debilita a causa del descuido cotidiano. Cuando los esposos vuelven a Dios, renuevan su compromiso y recuperan las expresiones de amor, respeto y servicio, el amor puede florecer nuevamente con mayor madurez y profundidad.

Muchos matrimonios recuerdan con alegría los primeros años de su relación. Había entusiasmo por conversar, compartir tiempo, sorprenderse mutuamente y expresar afecto con naturalidad. Sin embargo, con el paso de los años, las responsabilidades, el trabajo, la crianza de los hijos, las preocupaciones económicas y la rutina pueden desplazar lentamente aquellas manifestaciones de amor que fortalecían el vínculo matrimonial.

No siempre ocurre una crisis repentina. Con frecuencia, el amor se enfría porque deja de alimentarse.

Recordar, arrepentirse y volver

Las palabras de Jesucristo a la iglesia de Éfeso contienen un principio que también puede aplicarse al matrimonio. El Señor no afirma que el primer amor haya desaparecido por completo, sino que había sido abandonado. El problema no era la falta de capacidad para amar, sino haber dejado las prácticas que mantenían vivo ese amor.

Por ello, Cristo presenta un camino de restauración compuesto por tres acciones:

  1. Recordar lo que fortalecía la relación.
  2. Arrepentirse del descuido y corregir el rumbo.
  3. Volver a practicar las primeras obras de amor.

Gary Chapman escribió:

“El amor es una elección que debe renovarse cada día mediante acciones concretas.”

Asimismo, Paul David Tripp afirma:

“Un matrimonio fuerte no se sostiene por la intensidad de las emociones, sino por el compromiso diario de servir y amar como Cristo.”

Ambas reflexiones enseñan que el amor madura cuando deja de depender exclusivamente de los sentimientos y se convierte en una decisión constante inspirada por el evangelio.

Cultivar nuevamente el amor

El amor conyugal necesita cultivarse como un jardín. Las palabras de gratitud, los gestos de afecto, el tiempo compartido, la oración en pareja, el perdón y los actos de servicio son semillas que producen una relación fuerte y saludable.

Dios puede restaurar el entusiasmo perdido cuando los esposos vuelven a colocar a Cristo en el centro de su matrimonio. Donde existen humildad, obediencia y disposición para amar nuevamente, el Espíritu Santo renueva el afecto y fortalece el pacto matrimonial con una profundidad mayor que la experimentada al principio.

Preguntas para reflexionar

¿Qué prácticas de los primeros años de nuestro matrimonio hemos dejado de realizar?

Recordar las expresiones de amor que fortalecían la relación permite identificar los aspectos que necesitan ser restaurados para renovar la cercanía y la comunión matrimonial.

¿Estoy alimentando diariamente el amor hacia mi cónyuge mediante acciones concretas?

El amor crece cuando se expresa con palabras, tiempo, servicio, respeto y atención constante. La relación se fortalece mediante pequeñas acciones realizadas con perseverancia.

¿Estoy dispuesto a comenzar nuevamente y permitir que Dios renueve nuestro matrimonio?

La restauración requiere humildad para reconocer el descuido, arrepentimiento para corregir el rumbo y decisión para reconstruir diariamente una relación centrada en Cristo.

Recomendaciones

  • Dedique diariamente un tiempo exclusivo para conversar con su cónyuge, sin interrupciones, y fortalecer la amistad, la comunicación y la cercanía emocional.

  • Recupere las pequeñas expresiones de amor que caracterizaron el inicio de la relación: palabras de afirmación, detalles de cariño, tiempo de calidad y actos de servicio.

  • Establezcan un tiempo semanal para orar juntos, agradecer a Dios por su matrimonio y renovar delante del Señor el compromiso de amarse y servirse mutuamente.

Conclusión

El amor matrimonial necesita alimentarse continuamente mediante decisiones conscientes y acciones concretas inspiradas por el amor de Cristo. El descuido cotidiano enfría la relación, pero el arrepentimiento, la obediencia y la recuperación de las buenas prácticas permiten que el amor vuelva a crecer.

Cuando Cristo permanece en el centro del matrimonio, el amor madura, se fortalece con el tiempo y se convierte en un testimonio visible de la gracia y la fidelidad de Dios.

Oración

Señor Jesucristo, gracias por el amor con que nos has amado. Renueva nuestro corazón, restaura el gozo de caminar juntos y enséñanos a expresar diariamente nuestro amor mediante palabras, servicio, respeto y fidelidad. Que nuestro matrimonio crezca cada día y refleje tu amor eterno al mundo. Amén.

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