Hambre de Dios

Hambre de Dios
«Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón».
Jeremías 15:16
Un nuevo creyente en Jesús anhelaba profundamente leer la Biblia, pero había perdido la vista y ambas manos en una explosión. Cuando supo que una mujer leía braille con los labios, intentó hacer lo mismo. Lamentablemente, descubrió que sus labios también habían quedado insensibilizados.
Tiempo después, se alegró muchísimo al darse cuenta de que podía sentir los caracteres con la lengua. Finalmente, había encontrado una manera de leer y disfrutar las Escrituras.
Gozo en la Palabra
El profeta Jeremías también experimentó gozo y alegría al recibir las palabras de Dios:
«Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón».
A diferencia de otras personas de Judá, que despreciaban esas palabras (Jeremías 8:9), el profeta fue obediente y se regocijó en ellas. Sin embargo, esa obediencia también hizo que su propio pueblo lo rechazara y lo persiguiera injustamente (Jeremías 15:17).
Quizá algunos hayamos vivido algo parecido: leímos la Biblia con alegría, pero obedecer a Dios nos trajo sufrimiento y el rechazo de otras personas. Como Jeremías, podemos presentar nuestra confusión ante Dios y recordar la promesa que Él le hizo cuando lo llamó a ser profeta:
«Yo estoy contigo».
Esta promesa aparece nuevamente en Jeremías 15:19-21 y puede verse también en Jeremías 1:18-19.
Oración
Dios fiel, gracias por hablarme a través de la Biblia. Ayúdame a obedecerte.
Para reflexionar
- ¿Cuándo experimentaste alegría al leer las Escrituras?
- ¿Qué puede ayudarte a recuperar tu hambre y sed de Dios?
¿Le sirvió esta reflexión? Envíesela a alguien.


