Dr. Luis Ángel DíazDevocionales para pastores y líderes

La herencia no se gana

Efesios 1:5

La herencia no se gana

«…habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según […] su voluntad» (Efesios 1:5).

Un lugar en la familia

«Gracias por la cena, papá», dije mientras ponía mi servilleta sobre la mesa del restaurante. Había vuelto a casa durante unas vacaciones de la universidad y, después de haber estado fuera por algún tiempo, me pareció extraño que mis padres pagaran por mí.

«De nada, Julie —respondió mi padre—, pero no tienes que agradecerme todo el tiempo. Sé que te has ido, pero sigues siendo mi hija y parte de la familia».

Sonreí y dije: «Gracias, papá».

No he hecho nada para ganarme el amor de mis padres ni lo que ellos hacen por mí. Ese comentario me recuerda que tampoco he hecho nada para merecer ser parte de la familia de Dios.

Un regalo de gracia

En Efesios, Pablo dice a sus lectores que Dios los escogió para que fueran «santos y sin mancha» (1:4), o para ser presentados sin mancha delante de Él (5:25-27). Pero esto es posible solamente por medio de Cristo, en quien tenemos «redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia» (1:7).

No tenemos que ganar la gracia de Dios, su perdón ni la entrada a su familia. Simplemente aceptamos su regalo.

Al creer en Cristo, nos convertimos en hijos de Dios. Esto significa que recibimos vida eterna y tenemos una herencia que nos espera en el cielo. ¡Alabado sea Dios por ofrecer un regalo tan maravilloso!

Oración

Padre, gracias por entregar a tu Hijo para que yo pueda ser parte de tu familia.

Para reflexionar

¿De qué maneras sientes o actúas como si te hubieras ganado el amor de Dios? ¿Cómo puedes experimentar cada día la libertad de su amor?

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