El hombre que no podía hablar

Una alabanza que venció el silencio
«Grande es el Señor, y digno de suprema alabanza» (Salmo 96:4).
Sentado en su silla de ruedas, en un hogar de ancianos en Belice, un hombre escuchaba con alegría a un grupo de estudiantes de secundaria que cantaba acerca de Jesús. Más tarde, cuando los jóvenes intentaron comunicarse con él, descubrieron que no podía hablar: un accidente cerebrovascular le había quitado esa capacidad.
Como no podían conversar con él, decidieron cantarle. Entonces sucedió algo asombroso: el hombre que no podía hablar comenzó a cantar. Con entusiasmo y a viva voz, se unió a sus nuevos amigos para entonar Cuán grande es Él.
Fue un momento maravilloso para todos. El amor de aquel hombre por Dios rompió las barreras y brotó en una adoración audible, sincera y gozosa.
Barreras para adorar
Todos enfrentamos, de vez en cuando, obstáculos para la adoración. Quizá atravesamos conflictos con otras personas o problemas económicos. Tal vez sentimos que nuestro corazón se está enfriando un poco en su relación con Dios.
Aquel hombre nos recuerda que la grandeza y la majestad de nuestro Dios todopoderoso pueden superar cualquier barrera.
«Señor, mi Dios, al contemplar los cielos, el firmamento y las estrellas mil».
¿Tienes problemas para adorar? Lee pasajes como el Salmo 96 y reflexiona en la grandeza de Dios. Quizá tú también puedas reemplazar tus obstáculos y objeciones por alabanza.
¡Oh, Dios, cuán grande eres!
Para reflexionar
- ¿Qué barreras te impiden, a veces, adorar?
- ¿Cómo puedes pasar del silencio a la alabanza?
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