Lento por una razón

Lento por una razón
«Tú eres Dios que perdonas, clemente y piadoso, tardo para la ira, y grande en misericordia».
Nehemías 9:17
En la serie de la BBC Mamíferos, el presentador trepa a un árbol para observar con humor a un perezoso de tres dedos. Al encontrarse cara a cara con el mamífero más lento del mundo, lo saluda con un «¡buuh!». Ante la falta de reacción, explica que moverse despacio es natural para un perezoso, pues se alimenta de hojas difíciles de digerir y con muy pocos nutrientes.
Al repasar la historia de Israel, Nehemías nos recuerda otro ejemplo de lentitud (Nehemías 9:9-21), aunque este no es cómico. Dios es el ejemplo supremo de lo que significa ser lento cuando se trata del enojo.
El Señor cuidó de su pueblo, lo sostuvo durante el viaje después de salir de Egipto y prometió darle una tierra (vv. 9-15). Aunque los israelitas se rebelaban constantemente (v. 16), Dios nunca dejó de amarlos. Nehemías explica que, por naturaleza, el Señor es un Dios «que perdona, clemente y piadoso, tardo para la ira, y grande en misericordia» (v. 17).
De otro modo, ¿por qué habría soportado con paciencia las quejas, la incredulidad y la desconfianza del pueblo durante cuarenta años? Lo hizo por sus «muchas misericordias» (v. 19).
Para reflexionar
¿Y nosotros? Un temperamento caldeado es señal de un corazón frío. Sin embargo, la grandeza del corazón de Dios nos capacita para vivir con paciencia y amarlo.
- ¿En qué áreas de tu vida deberías ser más lento para enojarte?
- ¿Cómo te hace sentir saber que Dios es así contigo?
Oración
Padre, que mi amor y mi compasión les muestren a otros que te amo.
La Biblia en un año: Josué 4-6; Lucas 1:1-20.
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