La evangelización, luz brillante

La evangelización, luz brillante
«Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos» (Mateo 5:16).
Estaba nerviosa por una clase sobre la oración que iba a impartir en una iglesia. Me preguntaba: ¿Les gustará a los alumnos? ¿Les caeré bien? La ansiedad me hizo perder el enfoque y me llevó a exagerar en la planificación, la preparación de diapositivas y las hojas de ejercicios. Sin embargo, una semana antes de comenzar, todavía no había invitado a muchas personas.
Mientras oraba, recordé que aquella clase era un servicio destinado a reflejar la luz de Dios. Al comprender que el Espíritu Santo podía usarla para guiar a las personas hacia nuestro Padre celestial, logré dejar a un lado el temor de hablar en público.
Jesús enseñó a sus discípulos:
«Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa» (Mateo 5:14-15).
Después de leer esas palabras, publiqué en las redes sociales un anuncio sobre la clase. Casi de inmediato, las personas comenzaron a inscribirse con gratitud y entusiasmo. Sus reacciones me llevaron a reflexionar aún más en la enseñanza de Jesús:
«Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos» (Mateo 5:16).
Con esa nueva perspectiva, impartí la clase con gozo y animé a otros a brillar para Dios.
Oración
Señor, que pueda brillar con tu luz para que otros te vean.
Para reflexionar
¿Cuándo te has sentido nervioso al servir a Dios?
¿Cómo puede tu servicio ayudar a otros y de qué manera puedes compartirlo?
¿Le sirvió esta reflexión? Envíesela a alguien.


