Mejor que la vida

Mejor que la vida
«Porque mejor es tu misericordia que la vida; mis labios te alabarán» (Salmo 63:3).
Aunque María amaba a Jesús, su vida era dura, realmente dura. Habían muerto dos de sus hijos y dos de sus nietos, víctimas de disparos. Ella misma había sufrido un accidente vascular que le dejó medio cuerpo paralizado.
No obstante, en cuanto pudo, regresó a las reuniones de la iglesia. Allí era habitual que, aun con dificultades para hablar, alabara al Señor con palabras como estas:
«Mi alma alaba a Jesús; ¡bendito sea su nombre!».
Mucho antes de que María expresara su alabanza, David escribió las palabras del Salmo 63. El título señala que lo compuso «cuando estaba en el desierto de Judá». Aunque su situación era poco deseable, incluso desesperante, no se dejó dominar por la angustia, porque había puesto su esperanza en Dios:
«Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, [...] en tierra seca y árida donde no hay aguas» (v. 1).
Quizá hoy te encuentres en medio de dificultades, sin una dirección clara ni los recursos adecuados. Tales situaciones pueden confundirnos, pero no tienen que desviarnos cuando nos aferramos a Aquel que nos ama (v. 3), nos satisface (v. 5), nos ayuda (v. 7) y nos sostiene con su diestra (v. 8).
El amor de Dios es mejor que la vida. Por eso, como María y David, podemos expresar nuestra satisfacción con labios que alaban y honran al Señor (vv. 3-5).
Señor, te alabo en mis dificultades, porque tu amor es mejor que la vida.
Para reflexionar
¿Cómo describirías tu actitud ante un «desierto» en tu vida? ¿Cómo te ayuda el Salmo 63 a prepararte para esas etapas?
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